CARACTERISTICAS DEL LUGAR
Recostada en el Valle de Lerma,
Salta es la ciudad capital de la provincia homónima. Se halla en uno de
los sitios más fértiles y agradables que formó la naturaleza en esta
región, a unos 1187 m.s.n.m., al pie de los cerros 20 de Febrero y San
Bernardo. El clima en Salta capital presenta un verano moderado y un
invierno seco y templado, con una media anual de 22º C, lo cual lo hace
ideal casi todo el año.
Gracias al Aeropuerto El Aybal, situado
a 9 km de la ciudad por medio de la Ruta Nac. Nº 51, Salta tiene
comunicación aérea con las ciudades de Buenos Aires, Córdoba, Tucumán,
Jujuy. En ocasiones se efectúan algunos vuelos internacionales.
Otra
vía de acceso es por medio de la Ruta Pcial. Nº 9 o por la Ruta Nac. Nº
34.
HISTORIA Y LEYENDAS
A más de 1.200 m.s.n.m., entre
los cerros 20 de Febrero y San Bernardo, está el Valle de Lerma y la
ciudad de Salta, capital de la provincia y segunda ciudad en
importancia del noroeste argentino.
El Imperio Incaico ocupó estas
tierras desde el siglo XII, procedente de la región del lago Titicaca,
y en su apogeo (siglo XV) se extendió por los Andes (norte Argentino)
integrando la provincia del Collasuyo. Su dominio se derrumbó con la
llegada de los conquistadores españoles, a principios del siglo XVI.
Fueron agricultores y criadores, mantuvieron actividades de telar,
alfarería y una tradición musical muy típica con instrumentos como la
quena, anata, siku, erke y erkencho.
Las ruinas de Incahuasi, que
testimonian su presencia, están situadas en el departamento de Rosario
de Lerma -contiguo al de Capital-, a 2.860 m.s.n.m.. Los investigadores
sostienen que se trata de restos de una antigua fortaleza que servía
para mantener los dominios sobre las tribus diaguitas, atacamas,
humahuacas, chiriguanos o lules, construida en tiempos del inca
Yupanqui o de su hijo Huaina Capac. La palabra "salta" tiene dos
traducciones más comunes. Una sostiene que significa "lugar lindo,
agradable para asentarse", en quechua; otra sostiene que correspondería
al nombre de la tribu "sahta" -de la nación chaqueña "Lule"- que habría
habitado este valle cuando llegaron los españoles. Las primeras
exploraciones del territorio salteño provinieron del Perú hacia 1535,
43 años después que Cristóbal Colón llegara a América. En 1550 comenzó
la colonización definitiva de una vasta zona que se denominó “el
Tucumán”. El 16 de abril de 1582, Hernando de Lerma fundó, sobre las
márgenes del río Arenales, la “Ciudad de Lerma en el Salta” con el
propósito de ofrecer defensa y apoyo al comercio y a las comunicaciones
de Santiago del Estero con el Perú. Afirmado en este valle, Lerma
aprovechó las vías de comunicación naturales ya usadas por los
aborígenes y fortaleció así los dispersos, débiles y escasos núcleos de
la población española. Se procuraba formar una red de circulación de
hombres, animales, mercancías y noticias que, con eje en Potosí,
permitiera la comunicación entre los puertos puertos El Callao (Perú) y el de la recién fundada Buenos Aires.
Asentada jurídicamente, Lerma repartió los solares a los nuevos vecinos
con la condición de cercarlos en el término de un año y permanecer en
ellos so pena de perderlos. Estos predios pertenecían al Rey, quien
delegaba su división y repartición a los gobernadores. Era difícil la
vida en los poblados que comenzaban su existencia. Al día siguiente a
la fundación, el gobernador Lerma y el obispo Victoria acordaron dar a
este valle el nombre de San Felipe de Lerma en el Valle de Salta. San
Felipe, en honor al Rey de España; Lerma por ser el apellido de su
fundador. Si bien el tránsito con Potosí proveía a la ciudad de
alimentos, también se hacía presente la hostilidad indígena que limitó
su expansión y amenazó su continuidad. No obstante, se mantuvo gracias
a su importante función estratégica para el tránsito comercial. La
reducción de la población indígena pudo ser compensada en parte con la
introducción de población africana, la cual tuvo su gravitación en la
población salteña: en 1778 esta migración y su descendencia componía el
46 por ciento de los habitantes. Transcurridos los primeros veinte
años, Salta tendía a reducirse antes que a crecer. Fueron los indios
calchaquíes los que con más crudeza se enfrentaron a los españoles,
entre 1630 y 1640. El equilibrio entre los puertos El Callao, en Perú,
y Buenos Aires era difícil e inestable durante la colonia española.
En 1776, se
estableció el Virreinato del Río de la Plata y en 1784 surgió una nueva
Intendencia con capital en Salta.
Después de 1810, la interrupción del
comercio con el Alto Perú y la guerra por la independencia produjeron
el deterioro de la economía del Noroeste. La ciudad comenzó a crecer
recién cuando llegó la pacificación de la frontera oriental, sellada
entre el gobernador español y el cacique de los mocovíes. Salta empezó
a recibir recursos vía pago de impuestos por cada cabeza de ganado en
tránsito al Alto Perú. Durante la guerra de la Independencia, los
ejércitos realistas fueron derrotados en Salta (1813) por el general y
abogado argentino Manuel Belgrano. Ubicada entre Lima (realista) y
Buenos Aires (independentista), Salta quedó entre dos fuegos y fue la
barrera de contención de los españoles que desde el Norte pretendían
ingresar a estas tierras. Güemes fue quien mejor anticipó los tiempos
que se venían. Iniciado en la carrera militar e hijo de un importante
funcionario español de la Intendencia de Salta, siguió sus estudios en
Buenos Aires, donde participó del rechazo a las invasiones inglesas. De
regreso a Salta, tras la muerte de su padre, el joven fue destinado a
la frontera, destino que le permitió extender sus conocimientos del
territorio provincial y mostrar su destreza de jinete y su capacidad de
organización y de mando. Güemes había estudiado los principios de la
guerra, pero sobre todo conocía el terreno salteño. La primera gran
prueba fue la Batalla de Salta, librada el 20 de febrero de 1813, en la
que el ejército, comandado por Manuel Belgrano, derrotó al de Pío
Tristán. Luego, tras la derrota patriota en Sipe Sipe, en el Alto Perú,
Salta debió rechazar siete invasiones: este fue el mérito de Güemes y
sus "infernales", como se conoció a los gauchos que lo acompañaban. A
partir de 1815, desde el cargo de gobernador civil -tenía 30 años-
transformó su poder militar en político y, entre otras decisiones,
eximió del pago de arriendos y deudas a quienes participaran de las
luchas por la Independencia. En 1820, mientras estaba en el Alto Perú
como general en jefe del Ejército de Observación por órdenes del gral.
San Martín, el Cabildo salteño lo depuso. Su presencia y la de 600
lanceros gauchos en la ciudad acabaron con la intentona política.
Recuperó el mando y el pueblo lo repuso. Mientras las fuerzas españolas
estaban a la puerta de la ciudad, ingresó una partida en la noche del 7
de junio y desató una lluvia de balas sobre Güemes, quien fue herido
mortalmente. Aferrado a su caballo galopó hacia la Quebrada de la
Horqueta, donde agonizó hasta su muerte, el 17 de junio de 1821
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